...Hace
poco vendieron en subasta pública las obras de arte que
dejó en herencia André Bretón, y lo curioso
es que lo mejor que tuvo fueron sus piedras. Bretón se
dedicaba a recoger bellos guijarros que para él eran
la obra de arte más grande que existía. Lógicamente,
no tienen ningún valor comercial. La poesía tampoco
se vende. Eso es lo maravilloso del verdadero arte, que no han
conseguido que sea industrial. El hombre, cuando llega a un
nivel de conciencia adecuado, siente lo sagrado en todo lo que
le rodea y el mundo cobra así su sentido. Las plantas,
las piedras, el chiste: son sagrados; las cosas se van sacralizando.
Conocía a un chamán que curaba la afonía
con una infusión de excrementos de vaca. (pág.
129, Alejandro Jodorowsky, Psicomagia).